Todos Santos, salvador de las tortugas
- Nomadea
- 2 feb 2018
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 4 dic 2020

Llegó el momento de despedirnos de nuestro compañero Canyonero. Nuestro fiel amigo de 4 ruedas que no sólo fue nuestro vehículo, si no nuestro hogar. Aquel que tenía el DON de arreglarse sólo. Era un ser sobrenatural (creado por el hombre) que en más de una ocasión nos demostró que si se desea profundamente, las cosas se pueden recomponer sin tener que ir a un taller mecánico (al menos eso pasó con la guantera, la alarma, la puerta del baúl, la ventana y las palanquitas de los espejos). Creer o reventar, nosotros preferimos pensar que Canyonero era un groso protegido por el dios de los autos jaja.
El viaje a Todos Santos lo hicimos para despedirlo y compartir con él un último atardecer en la playa. Se portó tan bien con nosotros que teníamos que homenajearlo y hacerle unos km más antes de entregarlo. Está a 84 km de La Paz, un trayecto perfecto para ir y volver en el día.

No recorrimos el pueblo de Todos Santos y eso que se veía muy lindo, me hizo acordar a Loreto por las casas bajas y coloridas. Según nos contó un amigo, ahí viven muchos extranjeros, principalmente de Estados Unidos. Pensábamos dar un paseo antes de volver a La Paz, pero se nos hizo tarde. Queda pendiente para la próxima vez.
Fuimos directo a Tortuguero Las Playitas, no sabíamos nada del lugar, nos gustó el nombre y decidimos ir a ver con qué nos encontrábamos. Llegamos a esa playa desolada con inmensas olas (abortado el plan de bañarnos en el mar) que rompían en la orilla y teñía el azul profundo del agua en un blanco espumoso. Nadie se había enterado de la despedida de Canyonero, se ve que no tenía muchos amigos en Baja California Sur.
Cuando nos estábamos acomodando para pasar un largo rato sentados en la arena mirando las olas, vimos a lo lejos el bufido de una ballena. Aaahh!! Llevábamos tiempo esperando encontrarnos una por el camino (desde California). Recuerdo haber buscado en Internet (sin éxito) información sobre dónde estaban estos mamíferos marinos cada vez que nos acercábamos a una costa (esperaba encontrar algo así como alguien publicando: hola, estoy en xxxx y las ballenas acaban de pasar por acá, se dirigen hacia el sur. Saludos a la familia).
Ahora era nuestro momento de disfrutar de ese espectáculo casi privado, ya que sólo había unos pescadores en la playa y dos barquitos en el mar. Vimos varias ballenas, generalmente aparecían de a dos. Saqué fotos, pero estaban bastante lejos como para que se vea algo más que agua disparada hacia arriba. Al parecer ellas si se enteraron de la despedida y fueron a saludar a nuestra camioneta (ya te había dicho que Canyonero era un ser sobrenatural creado por el hombre).

Nos pusimos a charlar con los pescadores (una vez que salieron del agua) y nos contaron que en Punta Lobos el mar es un poco más calmo y es mejor para bañarse. También, que era uno de los primeros días que veían ballenas, que estaban llegando desde el norte en busca de aguas más cálidas y que en un mes iban a haber muchísimas más. Las ballenas que van a Todos Santos son las grises y las jorobadas y lo hacen desde mediados de diciembre hasta principios de abril.
El sol estaba súper fuerte y no había sombra alguna para refugiarnos. Fue cuando se nos ocurrió agarrar la tabla de surf que estaba abandonada en la puerta del invernadero y usarla como sombrilla. Parecíamos surfistas cool que remontaban las olas locas, pero en realidad éramos dos sedentarios en la arena.
Se hizo la hora del almuerzo y yo tenía mucha hambre (Luri no tanto porque probó los manjares que los pescadores habían sacado del mar). Saqué todo para preparar las quesadillas y cuando puse a cocinar la cebolla el hornillo se apagó en seguida. Nos habíamos quedado sin nafta. Ufff…. segundo día consecutivo comiendo tortillas frías y medio hechas. Encima la cebolla que había cortado se había llenado de arena por el viento. Lo bueno fue que no habíamos llevados fideos, porque hubiese sido imposible comerlos crudos.

Cuando empezó a bajar el sol llegó más gente a la playa. Supusimos que todos iban a ver el atardecer, al parecer el mejor entretenimiento del lugar. Para nuestra sorpresa, antes de que empiecen los colores fuertes de la puesta del sol, éramos los únicos que estábamos sentados mirando hacia el mar. Fue entonces cuando descubrimos que el verdadero espectáculo era la liberación de tortugas marinas que habían nacido la noche anterior.
Fuimos al costado del invernadero de huevos de tortugas, era el sitio donde estaban todos reunidos, y nos unimos a la charla. Nos contaron que hay 7 especies de tortugas marinas en el mundo, de las cuales 5 se encuentran en el Golfo de California (Baja y Baja Sur) y que su sexo depende de lo profundo que la madre haga el nido en la arena (porque varía la temperatura).
Las mini tortuguitas estaban en palanganas con arena intentando salir. Eran tan pequeñas y hermosas…. Después de las explicaciones, nos dirigimos todos a la playa donde había dibujada una raya en la arena. Era el sitio donde debíamos dejar las tortugas para que ellas solas vayan hacia el mar. Estos animales vuelven al sitio donde nacieron para poner sus huevos, por eso es necesario que conozcan muy bien la arena, algo que los ayudará a reconocer su lugar.
Algunas salieron a toda prisa y se perdieron en la inmensidad del mar gracias a las olas que las arrastraron. Otras estaban un poco desorientadas y se dirigieron hacia el lado contrario. No faltaron las más perezosas que no querían participar de la competición y necesitaron ayuda para llegar a la meta final. Así fue como vimos una auténtica carrera de tortugas.
Si querés más información de este refugio Tortuguero podés consultar su Web.
Fuimos en busca de un sitio para nadar y un atardecer para contemplar y nos volvimos con la imagen de bufidos de ballenas y tortugas yendo al mar.

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